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Conflicto EEUU-CUBA
Vuelta a la Tuerca
por Pedro Dali de
Reflexion Mundial
Aun con sus intenciones de
propaganda electoral, los pronunciamientos del jefe de la Casa
Blanca, George W. Bush, para elevar el rango de la disputa bilateral
con La Habana, no dejaron de exaltar los ánimos de las autoridades
cubanas.
Empeñado en lograr su reelección en el 2004, y a
sabiendas del potencial de votantes entre los emigrados cubanos de
La Florida -estado de enorme peso en los comicios generales-, el
presidente estadounidense decidió lanzarse a fondo contra el
gobierno de Fidel Castro en una comparencia pública con motivo del
aniversario l35 del inicio de la insurrección de los isleños
contra el poder el poder colonial español, en 1868.
Bush no sólo
tiene un compromiso con los grupos duros del exilio cubano, que hace
tres años le ayudaron a conquistar la presidencia por el estrecho
margen de 537 votos en un escrutinio calificado de irregular por no
pocos analistas.
La administración se había ganado en los últimos
meses la crítica de estos grupos de poder, calificados de "mafiosos"
en La Habana, por aplicar los acuerdos migratorios suscritos con la
Isla y devolver a los secuestradores de una nave que fue conducida
por la fuerza a Miami. Voceros de la llamada Fundación Nacional
Cubano-Americana, integrada por adinerados sujetos de la
ultraderecha de origen cubano, y trece congresistas republicanos de
La Florida habían manifestado a Bush su frustración "por la
falta de una agenda integral comprometida con la libertad del pueblo
cubano" Cercado por una situación cada vez más inestable en
Iraq y las peligrosas oscilaciones económicas internas, Bush
volvió a jugar la carta cubana para intentar asegurarse un triunfo
en La Florida.
Los puntos del programa
Para esta
ocasión George Bush reservó un paquete de medidas que Cuba
rechazó de inmediato por injerencistas y prepotentes, según reza
un comunicado de la cancillería local. En presencia de legisladores
de origen cubano afiliados a la extrema derecha republicana, y de su
subsecretario de Estado para asuntos latinoamericanos, Roger Noriega,
Bush anunció la creación de la llamada "Comisión
Presidencial para la Asistencia a una Cuba Libre", encabezada
por el Secretario de Estado, Collin Powell, y el también miembro
del gabinete Melquíades Martínez, este último de origen cubano y
ligado a los grupos extremistas de Miami.
La citada Comisión
tendría a su cargo asesorar al ejecutivo en la profundización del
cerco económico y financiero a la Isla, al que de hecho se han
adscrito ya las naciones de la Unión Europea, y planear la titulada
"era post Castro".
Fuentes cubanas estiman que este
aparato funcionaría en sintonía de la extraterritorial Ley Helms
Burton, que coarta las inversiones foráneas en Cuba, prevé
sanciones a los extranjeros que negocien con la Isla y establece los
pasos que debería dar un gobierno posterior a la desaparición de
la Revolución para contar con la anuencia de Washington.
Nada
podría ser más insultante e intervencionista, han opinado las
autoridades de La Habana, que rechazan la idea de que el país
retorne a la situación de dependencia con relación a los Estados
Unidos vivida hasta enero de l959.
Bush anunció asimismo el
recrudecimiento de los controles para evitar viajes de ciudadanos
estadounidenses a Cuba que, pese a las amenazas y multas impuestas,
sobrepasan los 80 mil por año, muchos de ellos a través de
terceros países, y el incremento de las transmisiones radiales y
televisas hacia la Isla, hasta ahora anuladas en gran medida por
medios técnicos locales.
Capítulo aparte mereció para los cubanos
en la Isla, la frase de Bush en que afirmó que "Castro no va a
cambiar (...), pero Cuba debe cambiar". La declaración de las
autoridades locales la califica de "arrogante" , y no
pocos analistas la interpretaron como amenazante, teniendo en cuenta
que en su práctica internacional la Casa Blanca recurre por estos
días a las acciones armadas unilaterales contra pretendidos "enemigos",
entre los cuales ubica a Cuba.
Fin/
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